¡Y por fin llegó el día! Tras una larga espera de más de tres meses desde que compré el billete (y alrededor de 13 años desde que se me metió entre ceja y ceja realizar este vuelo), en los que sucedieron infinidad de cosas de cosas, el día señalado en rojo en el calendario hizo su aparición sin mucho ruido.
Sinceramente, ha sido más la gente a mi alrededor que yo mismo, los que han estado recordándome el viaje sin cesar, sobre todo en estos últimos días. Por mi parte, y con la mayor sinceridad que me permite este momento, os puedo asegurar que no he llegado ni a mentalizarme ni tampoco a estar nervioso hasta que he aterrizado en Nagoya, en ningún momento he sido consciente realmente de lo que estaba realizando.